
OBJETIVO:
“Que la aceptación de la Buena Nueva con fe viva y personal, celebrada en los Sacramentos, produzca vida nueva en las personas y en nuestras comunidades, para renovar los ambientes y las instituciones eclesiales y sociales de Durango y Zacatecas pertenecientes a nuestra Arquidiócesis”.
1.- ORACIÓN INICIAL
Oración por la Misión Kerygmática
2.- DIOS HABLA
a) La Buena Nueva.
Siendo propósito diocesano dedicar este año 2006, desde el 6 de
enero hasta el 12 de diciembre, a proclamar la Buena Nueva, en una Misión
Diocesana de Predicación Kerygmática, cómo quisiéramos
los evangelizadores y agentes de pastoral de esta Arquidiócesis que todos
nuestros hermanos de Durango y Zacatecas, tuvieran la oportunidad de oxigenar
con el Kerygma su experiencia cristiana de siglos.
En la antigüedad, cuando el ejército de alguna nación ganaba
una batalla, el general enviaba un mensajero al rey informándole la buena
noticia de la victoria; y el pueblo se regocijaba. Cuando nacía un hijo
en la casa del emperador romano, era una buena noticia que el Cesar, por medio
de heraldos, informaba al pueblo anunciando las celebraciones para festejarlo
con regocijo. Conforme a esa práctica, en la oscuridad de la noche de
la primera Navidad, el ángel anuncia a los asustados pastores: “No
tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles una buena noticia, que será
de mucha alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, ha
nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor”
(Lc 2, 10-11).
El nacimiento del Mesías y Señor, fue la más grande buena
noticia que pueda darse. Jesucristo mismo es la Buena Nueva de Dios para el
hombre. Eso es Evangelio, Pregón o Buena Noticia que anuncian los ángeles
a los pastores y a la humanidad entera. Por otra parte, Jesús, después
de transfigurarse en el monte Tabor, en presencia de Pedro, Santiago y Juan,
al bajar del monte acuden muchos a él, incluyendo un endemoniado; Jesús
lo sana y hablando luego con los Apóstoles les anuncia otro aspecto fundamental
de la Buena Nueva: “Escuchen y recuerden lo que ahora les digo: el Hijo
del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres” (Lc 9, 44).
b) Proyección a la vida cristiana.
Reflejando Hch 2,42, el Catecismo de la Iglesia Católica, presenta la
vida de la comunidad cristiana en cuatro partes y las relaciona: “Este
es el misterio de la fe… La Iglesia lo profesa en el Símbolo de
los Apóstoles (primera parte) y lo celebra en la Liturgia sacramental
(segunda parte), para que la vida de los fieles se conforme con Cristo en el
Espíritu Santo para gloria de Dios Padre (tercera parte). Por tanto,
este misterio exige que los fieles crean en él, lo celebren y vivan de
él en una relación viviente y personal con Dios vivo y verdadero.
Esta relación es la oración” (cuarta parte). (Catecismo
de la Iglesia Católica, núm. 2558).
c) Vida en Cristo.
Así se enuncia la tercera parte del Catecismo. Y ¿qué cosa
es la Vida en Cristo? El Catecismo la explica así: “que la vida
de los fieles se conforme con Cristo”. Y San León Magno lo explica
y exhorta así: “Cristiano, reconoce tu dignidad. Puesto que ahora
participas de la naturaleza divina, no degeneres volviendo a la bajeza de tu
vida pasada. Acuérdate de que has sido arrancado del poder de las tinieblas
para ser trasladado a la luz del Reino de Dios” (San León Magno
serm. 21, 2-3).
El Catecismo destaca “con toda claridad el gozo y las exigencias del camino
de Cristo” (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, núm.
29). Para ello, la catequesis de la “vida nueva” en Él será,
sobre: El Espíritu Santo, Maestro interior de la vida según Cristo,
dulce huésped del alma que inspira, conduce, rectifica y fortalece esta
vida; sobre la gracia, pues por la gracia somos salvados, y también por
la gracia nuestras obras pueden dar fruto para la vida eterna; acerca de las
bienaventuranzas, porque el camino de Cristo está resumido en ellas,
único camino hacia la dicha eterna a la que aspira el corazón
del hombre; sobre el pecado y el perdón, porque sin reconocerse pecador,
el hombre no puede conocer la verdad sobre sí mismo, condición
del obrar justo, y sin el ofrecimiento del perdón no podría soportar
esta verdad; acerca de las virtudes humanas que haga captar la belleza y el
atractivo de las rectas disposiciones para el bien; acerca de las virtudes cristianas
de fe, esperanza y caridad que se inspire ampliamente en el ejemplo de los santos;
sobre el doble mandamiento de la caridad desarrollado en el Decálogo;
con una catequesis eclesial, pues en los múltiples intercambios de los
“bienes espirituales” en la “comunión de los santos”
es donde la vida cristiana puede crecer, desplegarse y comunicarse. (Cfr. Catecismo
de la Iglesia Católica, núm. 1697).
d) Vida en el Espíritu Santo.
Y ¿qué cosa es la vida en el Espíritu? Es un segundo aspecto
de la tercera parte del Catecismo, el cual la explica así: “que
la vida de los fieles se conforme con Cristo en el Espíritu Santo para
gloria de Dios Padre”; “La Vida en el Espíritu Santo realiza
la vocación del hombre. Esta vida en el Espíritu Santo, está
hecha de caridad divina y de solidaridad humana. Es concedida gratuitamente
como una Salvación”. (Catecismo de la Iglesia Católica,
núm. 1699).
Comprende: la vocación a la bienaventuranza divina; corresponde al ser
humano llegar libremente a esta realización. Por sus actos deliberados,
la persona se conforma o no se conforma, al bien prometido por Dios y atestiguado
por la conciencia moral. Los seres humanos se edifican a sí mismos y
crecen desde el interior: hacen de toda su vida sensible y espiritual un material
de su crecimiento. Con la ayuda de la gracia crecen en la virtud, evitan el
pecado y, si lo han cometido recurren como el hijo pródigo a la misericordia
de nuestro Padre del cielo. Así acceden a la perfección de la
caridad. (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, núm. 1700).
Abarca lo referente a la Dignidad de la Persona Humana, la Comunidad Humana,
la Salvación de Dios por la Ley y la Gracia, los Mandamientos del Decálogo
y de la Iglesia.
e) Responsorio: Escuchar tu Palabra.
3.- NUESTRO ENTORNO: LA REALIDAD
Todo lo anterior se puede concretar inteligiblemente con las exigencias de nuestro
lenguaje: coherencia, conducta y moral o ética. Porque no basta creer
superficialmente unos pocos elementos pero, estar envueltos en una amplia ignorancia;
no basta practicar un poco algunos Sacramentos; es necesario que la fe y la
liturgia incidan profundamente en la conciencia cristiana. Y luego, no se vale
tener una fe y celebrar la liturgia llevando una vida que no concuerde.
Se dice que por 500 años los católicos hemos sido el alma de México
por el tesoro del Evangelio que poseemos; pero que, al mismo tiempo somos el
mayor enemigo de México por los dualismos y la incoherencia entre fe
y vida.
El mundo en que vivimos, es un mundo cuyos ídolos son el bienestar, el
dinero, la libertad sin límites, el propio yo. El hombre se considera
como el centro y como el dios de sí mismo, la medida y la norma del mundo.
Es una silenciosa apostasía que se expresa en la rebelión contra
la Iglesia y contra las raíces cristianas, en el rechazo de la fe. El
fenómeno más preocupante es la apatía, el desinterés,
la aceptación pasiva de las tendencias dominantes. La indiferencia reemplaza
la fe. La mentalidad actual que corre por el mundo, pretende una fe sin moral.
Cada quien quiere ser el árbitro de lo que es bueno y de lo que es malo;
más aún, traicionando los dictados más íntimos de
la conciencia, pretende decidir que no hay mal, que no hay pecado.
4.- FORTALEZCAMOS NUESTRA IGLESIA
Señala el Plan Diocesano de Pastoral: “La Iglesia católica
existe para evangelizar...; esto es, para llevar la Buena Nueva a todos los
hombres en todos los ambientes de la humanidad, y con su influjo, transformar
desde dentro, renovar a la misma humanidad...” (Plan Diocesano de Pastoral,
núm. 3). Nuestra Diócesis, hoy más que nunca, a través
de la Misión de Predicación, intenta recuperar su profundo sentido
de ser evangelizada y evangelizadora, a fin de que viva y haga vivir la propuesta
evangélica. “Hoy nuestra Iglesia de Durango es llamada a conocer
al Señor y a ser testigo de su resurrección, con el fin de dirigir
la mirada del hombre, orientar la conciencia y la experiencia... hacia el misterio
de Cristo, ayudar a todos a tener familiaridad con la profundidad de la redención
que se realiza en Cristo Jesús” (Plan Diocesano de Pastoral, núm.
6).
5.- DESAFÍOS
Frente a todo ello, nuestra fuente de energía es la Vida en Cristo y
en el Espíritu Santo: incorporados a Cristo por el Bautismo, los cristianos
están “muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús”
(Rom 6, 11), participando así de la vida del Resucitado (Cfr. Col 2,12).
Siguiendo a Cristo y en unión con Él (Cfr. Jn 15, 5), los cristianos
pueden ser “imitadores de Dios, como hijos queridos y vivir en el amor”
(Ef 5, 1), conformando sus pensamientos, sus palabras y sus acciones con “los
sentimientos que tuvo Cristo” (Flp 2,5) y siguiendo sus ejemplos (Cfr.
Jn 13, 12-16). La conducta moral o ética ha de ser coherente con lo que
se cree y se celebra. Ese es el desafío más fuerte de nuestra
vida cristiana.
6.- DINÁMICA
En grupos de 8 a 10 personas, compartir y responder las preguntas:
¿Qué interés ponemos los católicos al anuncio de
la Buena Nueva?
¿Qué coherencia o conducta de Vida Nueva nos corresponde observar
a los católicos?
7.- ORACIÓN FINAL
Santísima Trinidad, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo: te imploramos
que la Misión Diocesana de Predicación Kerygmática haga
resonar la Buena Nueva por ciudades, pueblos y rincones de la Arquidiócesis;
que no sólo seamos naturalmente religiosos, sino que lleguemos a tener
un encuentro personal con Jesucristo vivo; que tu Salvación alcance a
todos y a todo; que también ahora florezcan los carismas de la Iglesia
primitiva, el amor ante todo; también los dones de lenguas, de sanación,
etc.; que la persona misma de Satán y sus demonios sean expulsados de
las personas, de los ambientes y de las instituciones sociales y eclesiales.
8.- CANTOS
Danos un corazón, grande para amar…
Hazme un instrumento de tu paz…
He nacido de nuevo…